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Santa María, Madre de Dios 2019

Mis queridos hermanos en Cristo. Cuando rezamos el Rosario, al final de cada misterio, decimos, “María es Madre de Gracia y madre de Misericordia. En la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora.” María es “madre de Misericordia” y ella es Madre de Dios – la Madre de Jesús – y éste refrán nos recuerda que encontramos a Jesús – que es el Verbo encarnado – cuando encontramos la misericordia en el mundo entre las acciones humanas. Y todo esto pasa por la intercesión de la Virgen María. “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre… y la misericordia se ha vuelta viva, visible, y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret.”
Empezamos el año nuevo conmemorando a María, la Madre de Dios, porque es por María que experimentamos este misterio de Misericordia en el mundo. Es por María que recibimos a Jesús. Es por María que Dios tiene un rostro humano y podemos encontrar su misericordia. Es por el encuentro con la misericordia que recibimos un nuevo comienzo y una nueva vida. Es por la experiencia de la misericordia que el Señor nos mira con benevolencia y nos concede la paz.
Misericordia es la forma del amor de Dios encontrando nuestra miseria o nuestra condición pecadora. Es una mirada que quiere el bien de la persona – que no mira a la persona notando solamente sus errores y pecados. La misericordia mira el bien – la imagen de Dios en la persona y se conmueve a ayudarla a restaurar lo que perdió. La misericordia ayuda a la persona a mirarse a si misma con ojos nuevos – y a reconocer su propia dignidad. “¡Soy un pecador pero soy muy amado! Soy más que mis pecados.” Esta mirada de misericordia nos da esperanza y el impulso de cambiar porque hemos recibido una nueva visión de vida y de posibilidades.
Experimentando esta misericordia no viene por una idea intellectual o una enseñanza del catecismo o una regla moral que podemos recitar. Mas bien, esta misericordia se experimenta en las acciones mas sencillas como un abrazo humano.
Tengo dos amigos buenos – un matrimonio – que son abogados y católicos practicantes. Me contaron sobre sus amigos que visitaron durante el descanso navideño. Sus amigos son nuevos cristianos – convertidos de una vida muy secular. Les pregunté a mis amigos, “¿Por qué se convirtieron?” Mi amigo Juan ha conocido su amigo más de veinte años. Recientemente, su amigo sobrevivió un cancer. Su amigo sabe bien que Juan es un católico practicante que puede explicar claramente las enseñanzas de la fe. Pero este hombre no tuvo ningún interés en la vida cristiana. Hace algunos años Juan recibió una llamada de su amigo. El hombre tuvo un gran problema – hizo algo muy malo – con muchas consecuencias personales y legales. Este hombre llamó a su amigo Juan para un consejo legal, pero éste más bien, le dio un consejo moral y lo acompañó por esta dificultad con apoyo financiero y personal. Su amigo no lo entendió Le dijo a Juan muchas veces, “¿Por que me estás ayudándo? Y Juan le dijo, “porque tu eres mi amigo. Somos amigos.” Su amigo dijo, “Tengo que pagarte” Y Juan le dijo, “No. No lo haría si me pagarás, porque esto es lo que creo como cristiano. Estoy haciéndolo por causa de mi fe.”
Esta compasión y sacrificio de su amigo – cuando Juan no tuvo nada que ganar hizo una gran impresión en él. Diciéndole: “¿Porque me ama así?” No fue un argumento que le convenció de Dios, ni aún sobreviviendo del cancer. Fue la misericordia de su amigo. El hombre encontró el rostro de Dios por el rostro de Juan.
Necesitamos la ayuda de la Madre de Dios, la Madre de Misericordia, para vivir la misericordia – dar a luz a un encuentro con la misericordia en nuestra vida – en nuestra persona. Cuando reflejamos el rostro de Dios en una misericordia “injusta” e inesperada – acompañando a nuestro prójimo, el corazón clama “Abbá” es decir “Padre” – “soy hijo de Dios – tengo un destino y futuro bueno.” Esto es un nuevo nacimiento – un nuevo comienzo que pasa por el “sí” de María.
Con las dificultades y sufrimientos que tienen nuestros amigos y familiares, incluyendo los que no practiquen la fe, piden la intercesión de María para ayudarles acompañar a ellos con el cariño de una madre, para que la gracia de la misericordia del Padre brillara por nuestros rostros. “María es Madre de Gracia y madre de Misericordia. En la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora.”¡Que Dios les bendiga y prospero año nuevo!

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