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El Fuego del Amor de Dios y la División que establece.

Mis queridos hermanos en Cristo. Cuando escuchamos a Jesús hablar sobre trayendo fuego a la tierra y que no ha venido a traer la paz, sino la división, suena fuera de lugar. ¿No es la misión de Jesús todo sobre unión y comunión?  Es el diablo quien siembra división. ¿No es “fuego” la forma en que la escritura describe los castigos del infierno? Entonces, ¿qué está diciendo Jesús? ¿Cómo podemos entender sus palabras? Lo que Jesús dice entre la charla sobre traer fuego a la tierra y ser fuente de división es la clave para interpretar el pasaje. Él dice: “Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!”  El “bautismo” aquí es una referencia a su muerte en la cruz, la expresión más plena del amor de Dios por nosotros. Jesús desea profundamente amarnos hasta el fin para que el amor salvador del Padre se derrame en nuestros corazones. Quiere prender fuego a la tierra con el amor de Dios. Y cuando nuestros corazones están llenos del amor de Dios, se purifican. Lo que es contrario al amor es “quemado”. Es este amor ardiente que nos separa de todo lo que nos aleja de Él, lo que nos impide amar con todo nuestro corazón.  Este amor purifica nuestra mirada para que solo tengamos ojos para el amado.  El amor ardiente despeja el desorden para que el corazón de uno se pueda dar más libre y completamente al amado. No significa que otras relaciones sean necesariamente malas, pero cuando, por ejemplo, alguien se enamora y se casa, se forma una nueva relación que tiene prioridad y reorienta todas las demás relaciones en la vida de esa persona. Si el cónyuge no es aceptado por la familia de la persona, esta nueva relación será motivo de división en la familia. El cónyuge puede ser perfectamente bueno, pero lo que la nueva relación a menudo revela a través de la división que sigue es un apego poco saludable dentro de la familia original. Por ejemplo, una madre que ha sido posesiva de su hijo. Un padre que ha sido sobreprotector y controlador hacia sus hijos. El fuego ardiente del amor verdadero saca a la luz la disfunción del hogar original y libera a la persona a amar más plena y libremente. Es un amor que purifica y permite que crezca y florezca una nueva vida y amor.  En este sentido, la división no es algo que es malo, sino algo que libera a la persona para amar más y crecer en el amor. Este es el tipo de división de la que habla Jesús.

Un amigo mío perdió a su esposa hace unos dos años después de casi cincuenta años de matrimonio. Un hombre muy devoto que estuvo activo en su parroquia, John me contó recientemente que después de la muerte de su esposa, tenía miedo de estar “atorado” en su vida como viudo. No es que haya nada malo en ser viuda o viudo, pero le preocupaba que porque amaba tanto a su esposa y que estuvo casado tanto tiempo, que no podría continuar o tener una vida plena sin ella. Un hombre amable y generoso que también es útil para arreglar las cosas de la casa, John fue a ayudar a una amiga que él y su esposa conocían de sus días de universidad para instalar algo en su casa. Esta amiga había sido viuda durante casi veinte años. Comenzaron a pasar el rato: ver una película o una cena aquí y allá, y para su sorpresa, se descubrió un nuevo amor. Se van a casar a finales de septiembre. En preparación para el matrimonio, John está limpiando su casa y poniéndola a la venta. Me dijo lo difícil que ha sido abrir cajas y revisar cosas que no había visto en más de treinta años. Todos estos recuerdos regresan a él. Dijo que es a la vez agonizante y alegre. Es doloroso porque es dejar ir – una purga, pero es alegre por el bien de lo que está por venir.  Le sorprende que el amor que tuvo con su esposa no se haya perdido sino que continúe. Continúa porque es de Cristo y no de su propia creación.  Debido a esta experiencia, no está atrapado, sino que persevera en correr la carrera que tiene por delante, fijando la mirada en Jesús.  No estará tan disponible como antes para ser el niñero a los hijos de su hija, y eso ha causado una pequeña división.  Limpiar su casa, la casa donde crió a su familia, también ha sido un poco más duro para sus hijos que para él. ¿Hay nueva vida después de los 70 y después de la muerte de un cónyuge?  John es testigo de que existe, a través del fuego purificador del amor de Dios.

No tengamos miedo de quedarnos atrapados en el lodo proverbial de la vida o tener miedo al fuego del amor de Dios y las divisiones que revela. El Señor desea purificarnos y liberarnos para amar más plena y libremente. Él tiene un plan para nuestra alegría. Hemos sido bautizados en su muerte y resurrección. Estamos unidos a él y a su amor purificador. Las cruces que tenemos están destinadas a dividirnos de lo que nos separa de Cristo. Que podamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, y no nos cansaremos ni nos perderemos el ánimo.  ¡Que Dios les bendiga!

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