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2do. Domingo de Cuaresma (A) – 8 de marzo de 2020 – Escuchando a Jesús

Mis queridos hermanos en Cristo. Cada segundo domingo de Cuaresma, el Evangelio es siempre uno de los relatos de la Transfiguración cuando Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan a un monte elevado y les manifiesta su gloria. En esta experiencia, obtienen una imagen más clara de quién es Jesús cuando brilla su divinidad. ¿Por qué hizo esto Jesús? Antes del evento de la Transfiguración en el Evangelio, Jesús, por primera vez, habla sobre su pasión y muerte: que sería un Mesías que sufre. Sabemos que esto fue desconcertante para los discípulos porque fue entonces cuando Pedro reprendió a Jesús y dijo: “¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.” Entonces Jesús reprocha a Pedro con las palabras: “¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino la de los hombres” (Mt. 16: 22-23). Pedro tiene sus propias ideas sobre Jesús y deja de escuchar y deja de seguir a Jesús tan pronto como el camino por delante no parece lo que esperaba. “Ponte detrás de mí” es otra forma de decirle a Pedro: “sígueme”. Jesús continúa diciéndoles a los discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mt. 16:24). Entonces, el propósito de la Transfiguración es que los discípulos experimenten que, si dejan que Jesús los guíe, llegarán a saber quién es Jesús y que la Pasión o la cruz conduce a la gloria de la Resurrección. La experiencia de la Transfiguración es una anticipación de la Resurrección que prepara y fortalece a los discípulos para enfrentar la cruz.

Entonces, quizás, la Iglesia nos pide que meditemos en la Transfiguración el segundo domingo de Cuaresma porque, poco más de una semana después del principio de la Cuaresma, como los discípulos, hemos tenido un mal comienzo. Si eres como yo, ya has caído. Mi “gran plan” para la Cuaresma, lo que quiero lograr, lo que quiero hacer, lo que he trazado, no funcionado bien. El sacrificio y “cargar con mi cruz” realmente no es tan atractivo. Me encuentro “renegociando” un plan que es más fácil para mí. Pero aquí está el problema. La Cuaresma no se trata de lo que puedo hacer o lograr para Dios. La Transfiguración nos recuerda que la Cuaresma se trata de conocer quién es Jesús al dejar que él nos guíe, seguirlo y, sobre todo, escucharlo. En medio de esta experiencia, Pedro, tratando de ser útil, quiere construir algo, hace tres chozas. Cuando aún estaba hablando, la voz del Padre le interrumpe: “Este es mi Hijo muy amado … escúchenlo”. En otras palabras, “Cállate, Pedro. Lo que tienes que decir no es tan importante. Lo que puedes construir no es lo que importa. Tu enfoque debe estar en Jesús.” ¿Cuánto de nuestra práctica de Cuaresma tiende a lo que podemos hacer o abandonar o cuántas oraciones más podemos decir, pensando que eso hará la diferencia? ¿Cuánto de lo que hacemos durante la Cuaresma realmente nos ayuda a escuchar a Jesús y a centrarnos en él y solo en él? Para escuchar mejor y enfocarnos mejor en nuestra relación con Jesús, ayuda estar en silencio y practicar el silencio. ¿Hemos considerado el “ayuno” de la radio, la televisión, los videojuegos, nuestras noticias, Facebook o pantallas para dar más tiempo y espacio mental a una conversación con el Señor? Hacer lectura espiritual o estudiar la Biblia no es lo mismo que escuchar. Pueden ser útiles como primer paso. Pero aprender sobre Jesús o las Escrituras es diferente a hablar con Jesús, entrar en oración, tener una conversación con Dios sobre la vida y estar abierto a lo que el Señor está revelando y llamarnos a través de un diálogo con las Escrituras. Es en estas conversaciones tranquilas con el Señor, a menudo cuando intencionalmente nos vamos a solas con el Señor, que su luz comienza a brillar, que vemos nuestra vida en su luz. Es entonces cuando comenzamos a reconocer su presencia con nosotros y su amor por nosotros. Tener esta relación con Jesús es lo que hace la diferencia cuando se trata de enfrentar la cruz. Tenemos que pensar en términos personales, como una relación personal, cuando se trata de nuestras prácticas de Cuaresma. ¿Lo que estoy haciendo me ayuda a conocer mejor a Jesús y a reconocer su presencia en mi vida? ¿Lo que estoy haciendo me está abriendo a su plan para mí y su gracia? Nuestras propias obras no nos salvarán. Nuestra propia fuerza no es suficiente cuando nos enfrentamos a la cruz. San Pablo le dice a Timoteo: “Comparte conmigo los sufrimientos… sostenido por la fuerza de Dios… Pues Dios es quien nos ha salvado… no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.” Una transformación tiene lugar en nosotros – de pelear a seguir – de rebelión a apertura – cuando reconocemos su presencia y comenzamos a escuchar. Enfrentarse a la cruz solo es posible con una relación personal con Jesús. Esta analogía me ha resultado útil. Si caminaras a casa y un desconocido se te acercara y te abofeteara, ¿Cómo reaccionarías? Muy probablemente con ira o miedo. Sería natural adoptar una postura defensiva o incluso contraatacar. ¿Pero qué pasa si entras en tu casa y tu madre te abofetea? En ese caso, la respuesta sería: “Mamá, ¿por qué me abofeteaste?” La bofetada es lo mismo, materialmente, entonces ¿por qué la respuesta diferente? Debido a la relación que se tiene con la madre y la certeza de que ella te ama, no la golpeas sino que preguntas “¿por qué?” Tener una relación con Dios, cuando reconocemos su amor en nuestra vida, nos permite levantarnos y no tener miedo al enfrentar el dolor y el mal. Con una relación personal con Jesús, la cruz se convierte en una oportunidad para la conversión, para la purificación de algún tipo, o para una experiencia más profunda de oración y diálogo con el Señor. La cruz nos humilla a seguir siguiendo pero de una manera diferente. Para muchos de nosotros, Jesús todavía es un extraño. Que esta Cuaresma sea para nosotros un tiempo para escuchar de verdad, escuchar a Jesús. Escuchar es cómo llegamos a conocer a otra persona. Es un verdadero sacrificio escuchar, prestar atención a los demás. Por eso es tan difícil. Pero así es como alguien aprende y crece, no solo en conocimiento sino también en fe, la fe que nos permitirá enfrentar las cruces en nuestra vida y ser para nosotros un anticipo de la Resurrección. ¡Que Dios les bendiga!

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