Menu Close

Domingo de Pentecostés – 31 de Mayo, 2020 – El “cumpleaños” de la Iglesia

Mis queridos hermanos en Cristo.  Pentecostés es el evento que da a luz a la iglesia. Pentecostés a menudo se conoce como el “cumpleaños” de la iglesia.  Pentecostés fue cincuenta días después de la Pascua, y fue en este día que el Espíritu Santo, la “promesa del Padre”, vino sobre los apóstoles reunidos en oración con María.  En la Ascensión, 10 días antes, Jesús prometió a los discípulos que con la venida del Espíritu Santo, estarían “revestidos de la fuerza que viene de arriba” que los haría testigos de la resurrección y los capacitaría para predicar el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén (cf. Lc 24, 46-49). Esto es exactamente lo que vemos suceder en el relato de Pentecostés que comienza en la lectura que escuchamos de los Hechos de los Apóstoles hoy.  La misión de la Iglesia comienza en Pentecostés. ¿Y cuál es esa misión? A través del poder del Espíritu Santo, la Iglesia continúa la misión de Cristo: revelar el amor del Padre en el mundo, perdonar los pecados y reconciliarnos – la humanidad caída y dividida – con Dios y con nosotros mismos. Es una misión de unión y comunión. Jesús ofreció esta oración al Padre justo antes de entrar en su Pasión: “Que todos sean uno, como tú Padre que estás en mi y yo en ti.  Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”(Jn 17, 21).  El Espíritu Santo hace que Cristo esté presente en su “cuerpo místico”, la Iglesia, continuando la Encarnación a través del espacio y el tiempo, para que las personas de todas las naciones en todo momento, hasta el final de los tiempos, puedan encontrarse con Jesús y entrar en una unión vivificadora con Dios.  El Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo.  Jesús concluyó su oración del Sumo Sacerdote y le dijo al Padre: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amas esté en ellos y también yo esté en ellos” (Jn 17, 26).  La efusión y la morada del Espíritu Santo hace posible el conocimiento de Dios.  Es por eso que San Pablo dice: “Nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.”  Él no está hablando del conocimiento intelectual, sino del conocimiento de experiencia, conocimiento en el sentido “bíblico”, el profundo conocimiento íntimo que proviene de una unión amorosa.  Conocemos al Señor a través de los efectos que el Espíritu Santo obra en nuestras vidas, efectos que podemos tocar y ver.  Al igual que el viento, no podemos “ver” al Espíritu Santo, pero sabemos que está trabajando a través de los efectos que el Espíritu genera en nuestras vidas. Sabemos que el Espíritu Santo está presente por cómo nos “mueve” de una manera similar a “ver” el viento por cómo el viento mueve los árboles y el sonido que genera el viento cuando sopla.

Vemos algunos de los efectos del Espíritu Santo en las lecturas de hoy.  El Espíritu Santo reúne o une a diversas personas. El Espíritu Santo facilita la comunicación y la reconciliación. El Espíritu Santo trae paz. El Espíritu Santo genera un efecto inesperado, sorprendente y asombroso. El Espíritu Santo genera un efecto que es para el bien común. Él enciende en los corazones de los fieles una llama de amor pero da “brisa en un clima de fuego”.  El Espíritu Santo faculta a los discípulos para hacer lo que hace Jesús y los envía a la misión.  El Espíritu Santo revierte los efectos del pecado, trayendo una renovación o “recreación” al dar nueva vida a nuestra humanidad.

Tengo que compartir con ustedes la experiencia de “Pentecostés” que tuve esta semana. El miércoles, la Arquidiócesis emitió las pautas sobre cómo debemos reabrir en la fase “Amarilla”. Fue mucha información. El jueves, realicé una llamada de Zoom con el personal del rectorado, el consejo pastoral y los feligreses que se ofrecieron como voluntarios para ayudar con el proceso de reapertura. Había alrededor de 20 personas en la llamada. El propósito de la llamada fue discutir las pautas y la mejor manera de implementarlas aquí en San Carlos. Comenzamos la reunión con oración. Entré en la reunión un poco ansioso pensando en todas las partes móviles y todo lo que se necesitaría para implementar las precauciones. También tenía una idea en mi cabeza de lo que quería y lo que pensaba que funcionaría mejor, pero a medida que avanzaba la discusión, sucedió algo hermoso y sorprendente.  Se reunieron para esta convocatoria un grupo diverso de personas con diferentes antecedentes y experiencias, pero todos nos unimos con un objetivo común y unificador. Todos estaban motivados por el amor mutuo y el amor de Cristo.  Había un deseo abrumador de hacer lo que estaba en el bien común: lo que nos uniría como comunidad, nos mantendría a todos seguros y nos uniría en la adoración reverente a Dios.  El Espíritu Santo dirigió la discusión, moviendo corazones, incluido el mío, para ver las cosas y estar abierto a algo nuevo. No hubo argumentos o “batallas territoriales”; sino, una profunda paz y unidad que impregnaban la reunión. La gente se ofrecía a trabajar de diferentes maneras, trayendo diferentes dones al servicio del mismo Señor para el beneficio de la comunidad.  Si bien todavía hay muchas incertidumbres sobre cómo serán las cosas el 7 de junio y más allá, no tengo miedo ni preocupación porque estoy seguro de que el Espíritu Santo nos está guiando hacia adelante y guiando nuestros pasos.

Es mi oración que esta reapertura sea un tiempo de renovación para nuestra parroquia, que cuando regresemos a la Misa y a la Sagrada Comunión, conozcamos al Señor en un nivel más profundo, más íntimo, más abiertos al Espíritu Santo, estar más unidos como comunidad y estar más en llamas por la misión de la Iglesia. Los cumpleaños son momentos de alegría en los que celebramos la vida y el regalo de la familia. Que este Pentecostés sea un tiempo para celebrar la nueva vida que Cristo nos da a través de nuestra familia de la iglesia.  Y no olvidemos rogar al Espíritu Santo. El primer verso de uno de mis himnos favoritos al Espíritu Santo hace una gran oración que lo dice todo: “Sople sobre mí, aliento de Dios, lléname de vida nueva, para que pueda amar las cosas que amas y hacer lo que tú harías.”  ¡Que Dios les bendiga!

English EN Spanish ES
Scroll Up