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1mer. Domingo de Adviento – 29 de noviembre de 2020 – Mirando con amor a la puerta este Adviento

Mis queridos hermanos en Cristo. Hoy comenzamos el tiempo de Adviento. El Adviento es un tiempo de preparación para la venida de Cristo, no solo para la venida de Cristo en Navidad en cuatro cortas semanas, sino que como enfatizan nuestras lecturas de esta semana, este tiempo está destinado a ayudarnos a prepararnos para la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. Como indica el color púrpura de las vestiduras, al igual que las velas púrpura de la corona de Adviento, el Adviento, como la Cuaresma, es un tiempo de penitencia, un tiempo en el que estamos llamados a la conversión: a dejar el pecado y volvernos hacia Cristo nuestro salvador. La respuesta de nuestro salmo de hoy captura la esencia del tiempo: Señor, Dios nuestro, restauranos, que brille tu rostro y nos salve. Tenemos una necesidad de conversión y no podemos convertirnos a nosotros mismos. Necesitamos la ayuda de Dios. La conversión no ocurre por quererlo o por nuestros propios esfuerzos, sino a través de un encuentro personal con el Señor. Que brille tu rostro y nos salve. En la primera venida de Cristo en la Encarnación, Dios respondió a este grito del corazón humano. Al hacerse hombre, Dios tomó un rostro que podíamos ver. Nuestro salvador vino con rostro humano. En la primera lectura del profeta Isaías, escuchamos al profeta lamentarse por el descarrío del pueblo de Dios. Quiere que Dios intervenga para arreglar las cosas, que baje del cielo de una manera asombrosa como lo hizo en el monte Sinaí con las montañas temblando con truenos y fuego. Dios, en la Encarnación, rasga los cielos y desciende, pero no viene con poder y pompa, sino con la debilidad, la ternura y la humildad de un niño. Revela el rostro de Dios, el rostro de la misericordia. Su rostro ya no se nos oculta.

La instrucción de Jesús a sus discípulos es un mensaje para la Iglesia. ¡Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento “. La parábola del hombre que se va de viaje habla de Cristo quien, resucitando de los muertos y ascendiendo al cielo, ha dado su autoridad a los discípulos. Los ha puesto a cargo de su hogar, su iglesia, con su propio trabajo que hacer y velar, para preparar la iglesia para su venida. Esta advertencia se aplica no solo a la jerarquía, sino a todos nosotros. Todos tenemos que estar alerta y despiertos, atentos a la presencia de Cristo. La forma en que nos preparamos para la segunda venida es estar atentos a la presencia de Cristo entre nosotros aquí y ahora. Él ha prometido que permanecerá con nosotros siempre hasta el fin de los tiempos. ¿Dónde vemos su rostro aquí y ahora? ¿Cómo nos ponemos atentos a su presencia aquí y ahora? El “portero” nos da una imagen interesante. El portero es quien maneja la puerta de la casa. Aquí es donde todos tenemos la responsabilidad de lo que dejamos entrar en nuestra “casa”, no solo la casa de nuestra propia alma, sino la casa que llamamos nuestro hogar. El portero es la primera línea de defensa. Él es quien no solo da la bienvenida al invitado sino que también hace sonar la alarma si hay peligro en el horizonte. El portero debe estar atento a ambas cuentas porque lo que dejamos entrar puede ser una distracción de nuestro deber. Que no sepamos cuándo va a regresar el Señor significa que estamos llamados a un estado constante de preparación. No podemos simplemente esperar a preparar nuestra casa cuando llegue a la puerta. Tenemos que estar siempre dispuestos a abrir cuando llegue y llame. Tenemos que estar continuamente conscientes de su presencia. Cuando dormimos, estamos inconscientes. “Sé consciente de mí” es lo que Cristo quiere decir cuando dice “Velen” o Permanezcan alerta“.

El amor es lo que determina nuestra vigilancia, cuán alerta estamos y nuestro ansia de que venga el Señor. El amante está atento al amado. Esta imagen me viene a la mente. Cuando mi sobrino no tenía ni 4 años, lo cuidé una noche en que mi hermana y su esposo salieron a celebrar su aniversario de bodas. Por mucho que pude intentar, no pude conseguir que mi sobrino se fuera a la cama a dormir. No estaba asustado ni llorando. Solo quería permanecer despierto y esperar a que volviera su madre. Simplemente se paraba frente a la ventana y preguntaba: “¿cuándo volverá mamá?” Lo que hizo que mi sobrino estuviera alerta fue que su mente estaba llena de su madre, su conciencia estaba llena de su presencia. Es la conciencia de que nuestra vida pertenece a Dios, de la manera en que un niño sabe intuitivamente que su vida pertenece a su madre o su padre, lo que determina nuestro estado de alerta ante la presencia de Cristo. ¿Cómo podemos dejar que Cristo entre más en nuestra vida este Adviento? ¿Cómo podemos hacer espacio para que venga el Señor? Como hacemos durante la Cuaresma, ¿de qué cosas podemos ayunar – mantenernos fuera – para hacer más espacio para el Señor – para aclarar nuestras mentes y nuestros corazones para escucharlo tocar? ¿Qué tal un ayuno de las redes sociales? Manténgase alejado de Twitter y Facebook. Apague las noticias. Abra la puerta a Cristo. Pase algún tiempo en silencio en adoración ante Jesús en el Santísimo Sacramento los miércoles. Rece el Rosario. Lee la Biblia. Abre tu corazón en oración.

Vaya a la confesión. Venga a la Misa diaria y reciba la Sagrada Comunión con más frecuencia. No es lo que hacemos lo que nos fortalece para la segunda venida, sino lo que permitimos que Cristo haga en nosotros aquí y ahora. Cuando abramos la puerta a Cristo, él nos dará gracia y paz. San Pablo dice a los Corintios: “Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento“. Dios es fiel; Dios es nuestro padre y estamos llamados a la unión con su Hijo. Que estemos alertas este Adviento para escuchar ese llamado y estemos listos para abrir nuestro corazón a él en los rostros de quienes nos rodean. ¡Que Dios les bendiga!

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